Bajábamos de La Mola por unas curvitas deliciosas. El aire fresco olía a mar y el cielo estaba estampado de estrellas. Es una buena costumbre la que tienen en la isla…la de no poner casi farolas, es bueno para recogerse y tremendamente bueno para mirar estrellas.
Mi amiga Ana conducía la motillo que habíamos alquilado unos días antes.
¿Qué era lo peor del viaje?…nada, excepto la moto de 50, recontrausada y de conducción dudosa. En cada esquina a doblar temía que cayéramos cual saco de patatas, a cámara lenta y sin gracia ninguna.
Como ya somos adultas, ella no me lo decía a mi y yo no se lo decía a ella. No queríamos contagiarnos los sustos y cada una lo llevaba como podía.
Ana giró su cara hacia mi y yo acerqué mi oído hacia ella a modo de confidencias sobre nuestro ruidoso vehículo.
-¿Sabes?, me doy cuenta de que cuando me siento insegura en esta moto, me aprieto por todas partes, me encojo, se me cierran las piernas…
-Ya!! a mi también me pasa y además congelo la respiración…la pregunta es: Si probaramos, por ejemplo, a dejar de apretar las piernas de forma voluntaria ¿nos sentiríamos más seguras y tranquilas subidas en este cacharro?
SILENCIO
-¿Ehhh?
-Sí, es decir, sentirte insegura se expresa de modo que te contraes, te achicas, ¿verdad?. Así que si de forma consciente, a voluntad dejaras de hacerlo, ¿se transformaría quizá la sensación de inseguridad?
SILENCIO
Al cabo de 10 minutos
-Sí, es verdad!!! Estoy probando a relajar y separar mis piernas, noto como todo se afloja y me siento más tranquila y capaz de manejar la moto!!!
-Claro!!
Yo llevaba también 10 minutos jugando al juego de la somática y de nuevo podía mirar hacia la negra, titilante y preciosa bóveda de Formentera con pleno gusto y atención.






