Foto: Ana Escobar
La fábula de la mano derecha y la mano izquierda
Un día surgió un deseo, el deseo de colgar un cuadrito, una bella imagen.
Después llegó la idea, el plan y seguidamente la acción.
Así que la mano izquierda tomó un largo y fino clavo entre los dedos pulgar e índice y apoyó la punta en la pared.
La mano derecha, a su vez, asió un martillo de cabeza cuadrada y contundente.
La barbilla se elevó, los ojos enfocaron y la respiración quedó en vilo por un momento.
La mano derecha lanzó la cabeza del martillo contra la cabeza del clavo, primero muy suave y muy despacio y después, cuando se sintió con confianza, con más fuerza.
tac, tac, tac, tac…. ZAS!!!!! Ayyyyyy!
Clavo y martillo salieron volando.
Y la mano derecha amorosa, dulcemente rodeo el pulgar izquierdo herido y palpitante e incluso los labios se acercaron también.
Y no hubo reproches, ni a la mano derecha por martillear “erróneamente”, ni a la izquierda por sujetar el clavo “equivocadamente”, ni a los ojos por “malos” enfocadores, ni a la barbilla, ni a la respiración por “parada”.
Ni siquiera a la acción, ni al “tonto” plan. No hubo reproche tampoco para el deseo originario de todo esto.
Porque no eran muchos sino uno.






